26 Marzo 2018

Roma se hunde

las lluvias y la falta de mantenimiento multiplican los socavones en las calles de la capital italiana
La Via Leone IV, una calle de cuatro carriles cercana al Vaticano, es un hervidero de tráfico. Conecta el centro de Roma con los barrios del norte, y no hay un momento en que no circulen coches a toda velocidad. Hasta que uno de ellos pisa el freno. El ruido hueco no deja lugar a dudas: el cráter que hay en el centro de la calle ha vuelto a hacer de las suyas. Los más afortunados se quedan con el susto, pero luego están los conductores desesperados por tener que cambiar las ruedas cada dos por tres y los que terminan en el hospital por accidentes. En las últimas tres semanas, al menos 850 romanos enfurecidos han reclamado al Ayuntamiento una compensación por los daños sufridos por los múltiples socavones que asolan la ciudad. Se habla de cantidades de 10 euros por un pinchazo, entre 70 y 100 por tener que cambiar la rueda entera o hasta miles de euros por lesiones físicas. Roma se hunde, literalmente. El mal tiempo de los últimos meses, con unas lluvias sin descanso y una nevada -de un solo día- han puesto de manifiesto la mala situación en que se encuentran las calles de la ciudad en el enésimo incendio para la Administración de la alcaldesa, Virginia Raggi. Para ponerle humor, los romanos se envían una foto de la alcaldesa en uno de los ya famosos buche, con el agua hasta la nariz, y la frase “Todo bien, aún haces pie”. “Para reparar los 8.000 km de calles que tiene Roma se necesitan 250 millones de euros, un coste que a día de hoy es inasumible”, cuentan a este diario fuentes del Campidoglio. Como no se pueden arreglar del todo, se utilizan tres procedimientos. El primero, lo que llaman “la ambulancia de las calles”, implica tapar el agujero con un parche superficial que se puede hacer con asfalto frío -cuando llueve- o caliente. Con el frío la duración es inferior, vuelve a surgir el socavón en poco tiempo y regresan las quejas. Luego está el sistema de mantenimiento ordinario, en el que no sólo rehacen la grieta sino el estrato superficial del trozo de calle más afectado. Esta es la intervención más común. Por último, a veces también arreglan todos los estratos de un mismo pedazo de vía, una operación mucho más costosa y por lo tanto, rara. “El problema es que durante demasiado tiempo no se ha hecho mantenimiento ordinario”, explica el responsable de la oficina técnica de la asociación italiana del asfalto de las calles (Siteb), Michele Moramarco. “El agua se infiltra bajo el asfalto y crea una cavidad, y al final se forman los socavones”, añade el ingeniero. Los problemas no terminan aquí: la asociación de consumidores, Codacons, denuncia que el estado desastroso de Roma podría deberse al uso de un asfalto no reglamentario. De hecho, en el 2015 fueron imputados 18 funcionarios y dos empresarios por haber desarrollado un sistema de corrupción durante años en el que, por ejemplo, si debían excavar 20 centímetros de asfalto, excavaban sólo diez y se quedaban con el resto. Las víctimas son, de nuevo, los ciudadanos. En los últimos meses, no es extraño que el telediario abra con las imágenes de agujeros que se tragan hasta a los coches. El más impresionante fue el de la zona de Balduina en febrero, donde una grieta destruyó parte de un barrio, se tragó ocho vehículos aparcados y obligó a evacuar dos edificios. Este mismo jueves, en Circonvallazione Appia, dos coches tuvieron que ser rescatados por los bomberos al originarse un socavón gigante. El asunto es especialmente grave en los lugares donde debajo se encuentran ruinas romanas. La tierra que las separa del asfalto es mucho más movediza. Ahora el municipio quiere ponerle remedio con un sistema de controles que durante años no ha existido. El Campidoglio trabaja además en una web para publicar todas las obras en curso que tendría que estar lista en verano, con el objetivo de solucionar la falta de transparencia. Sorprendentemente, hasta hace poco no se empezaron a recopilar datos sobre las obras ni los fondos restituidos. Raggi también acaba de poner en marcha el llamado Plan Marshall de Roma: un plan extraordinario para las calles de cerca de 17 millones de euros con el objetivo de cubrir 50.000 socavones en un mes. En Via Leone IV, los conductores deben rezar para que su cráter sea uno de ellos.
anna buj roma. corresponsal

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