14 agosto 2017

Briatore gestiona la playa más lujosa de Italia: 1.000 euros al día

 

Pasar un día en la playa más cara y con más lujos de Italia sale a 1.000 euros, el sueldo medio mensual de muchos italianos. Se trata de un espacio situado en el balneario toscano de Marina di Pietrasanta, en la provincia de Lucca, a 380 kilómetros de Roma y está gestionado por Flavio Briatore (67) a través de su exclusivo Twiga Beach Club. Una jornada a la orilla del mar, alquilando, por ejemplo, la llamada «Tienda Presidencial», da derecho a gozar de estos servicios: dos camas marroquíes, cuatro hamacas, mesa central, televisión, música, wifi, caja fuerte, agua fresca, fruta, ducha, toallas perfumadas y personalizadas, además de camareros a disposición e incluso servicio de seguridad. Con crisis o sin ella, Flavio Briatore es un empresario con olfato para explotar las ansias de exclusividad de muchos. En el Twiga Beach Club se pueden obtener otros placeres a golpe de talonario: masajes, alquiler de motos de agua, lanchas neumáticas e incluso un helicóptero. ¿La clientela? Millonarios rusos o árabes que, antes o despues de pasar unas horas en Venecia o darse un capricho en Milán, se toman aquí una pausa. El segundo lugar entre las playas italianas más caras, según la organización de consumidores Codacons, lo ocupa el hotel Excelsior de Venecia, donde un toldo con hamacas en la zona central alcanza los 410 euros al día. Le sigue Porto Cervo, en la Costa Esmeralda (Cerdeña), pues en agosto se pagan 400 euros por una sombrilla y dos hamacas. Briatore, por su parte, no pierde el tiempo en justificar sus precios: no en vano, las reservas para este mes se agotaron tiempo atrás y hay lista de espera. A Marina di Pietrasanta llegan visitantes de todo el mundo. Se hizo célebre como centro turístico y establecimiento balneario a comienzos de los años 30. Personajes famosos e ilustres, como el poeta Gabriele D’ Annunzio , se alojaban en villa La Versiliana. En el pasado se buscaba, sobre todo, relax y tranquila diversión. Ahora, además de bañarse en aguas del mar Tirreno, la jornada se puede concluir en la discoteca Twiga Beach Club. Las hamacas del establecimiento balneario – ABC Esta fama de exclusividad no solo supone un negocio millonario para Flavio Briatore, sino también para la zona, pues en cada establecimiento balneario trabaja, según el empresario, un centenar de personas . Briatore ya ha sido muy claro en cuanto a su filosofía sobre el turismo de lujo: «El rico quiere todo y de forma inmediata. No busca prados ni museos, sino lujo, servicios impecables y mucha movida. Este es el turismo que deja dinero», afirma el que fuera director del equipo de fórmula 1 de Renault en la era de Fernando Alonso. Además, siempre se ha mostrado muy crítico con la falta de estrategia turística en Italia: «Con respecto a este sector, tenemos un retraso de treinta años: no se invierte, los hoteles son viejos, las infraestructuras decadentes. Así, los ricos se marchan de vacaciones a otros lugares». Saltarse la ley Para comprender la explotación económica que se hace de las playas italianas, cabe destacar que la mayoría son dadas en concesión por los ayuntamientos para que sean gestionadas por hoteles y empresas privadas. Cada día son menos los tramos de playas completamente libres . La ley dice que los concesionarios de establecimientos balnearios deben garantizar a todas las personas, aunque no sean clientes, «el derecho libre y gratuito de acceso y de fruición de la playa, incluso con el fin de bañarse». En la práctica, los ayuntamientos, debido a presiones de los concesionarios, crean reglamentos y normativas muy restrictivos que llegan incluso a prohibir las sombrillas y sillas. Estas dificultades se superan si se alquila una hamaca, silla y sombrilla del propio concesionario, cuyo importe puede oscilar entre 15 y 30 euros. Son 30.000 las empresas que operan en las playas italianas, pero el que mejor sabe explotar el lujo es, sin duda, Briatore.